jueves, 20 de octubre de 2011

Limites del riesgo

Poco a poco al principio, pero muy rápido después, la vida propia deja de ser lo que era para convertirse en un auténtico desastre. Son habituales las alteraciones en la conducta que originan conflictos en la propia casa y el entorno laboral y social, hasta que se llega a una dinámica en la que discutir con cualquier persona y perder amigos es "lo normal".

Entonces alguien decide llevar al enfermo a un centro de rehabilitación en el que sus miembros, en muchas ocasiones antiguos alcohólicos o personas en proceso de desintoxicación, ofrecen voluntariamente su apoyo al nuevo miembro. En primer lugar, lo que se debe hacer es "admitir la derrota sin condiciones y reconocer que tu vida con la bebida es incontrolable. Hemos bebido durante años -yo empecé a los 13 años y lo dejé cuando tenía 28- y el organismo ha hecho crack."

Al principio, parece que nada cambia y además se deben sufrir los desequilibrios físicos y emocionales del primer mes de abstinencia. El programa de recuperación es duro, pero requiere voluntad por parte del afectado, ya que los demás han llegado a un punto en el que no pueden hacer nada por cambiarlo, así que se han resignado a la situación de embriaguez. Terapia, psicoterapia y actividades para llenar el tiempo libre componen estos tratamientos para conseguir eliminar la elevada adicción al alcohol

"Si bebes, no conduzcas" Requiere una mención especial la incidencia del alcohol en los accidentes de tráfico , ya que es habitual oír que gran parte de los que se producen están causados por un conductor en condiciones de embriaguez.

En bajos niveles, causa una pérdida general de las capacidades para conducir, dado que las percepciones, la capacidad visual y la rapidez de reflejos disminuyen considerablemente. Un conductor ebrio no valora correctamente las distancias ni la velocidad, además de ser incapaz de fijar la vista en un punto concreto, lo que impide seguir y reconocer objetos y señales. La euforia que sigue a la toma del alcohol hace que el conductor sobrevalore sus aptitudes y se enfrente a una serie de riesgos en los que en casos extremos no puede decidir correctamente.

A pesar de que la legislación española contemple unos límites legales del consumo de alcohol cuando se conduce, lo adecuado sería no coger el coche si se prevé que se va a beber. En caso de tener que llevarlo, debería hacerlo una persona sobria.

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