Poco a poco al principio, pero muy rápido después, la vida propia deja de ser lo que era para convertirse en un auténtico desastre. Son habituales las alteraciones en la conducta que originan conflictos en la propia casa y el entorno laboral y social, hasta que se llega a una dinámica en la que discutir con cualquier persona y perder amigos es "lo normal".
Entonces alguien decide llevar al enfermo a un centro de rehabilitación en el que sus miembros, en muchas ocasiones antiguos alcohólicos o personas en proceso de desintoxicación, ofrecen voluntariamente su apoyo al nuevo miembro. En primer lugar, lo que se debe hacer es "admitir la derrota sin condiciones y reconocer que tu vida con la bebida es incontrolable. Hemos bebido durante años -yo empecé a los 13 años y lo dejé cuando tenía 28- y el organismo ha hecho crack."
En bajos niveles, causa una pérdida general de las capacidades para conducir, dado que las percepciones, la capacidad visual y la rapidez de reflejos disminuyen considerablemente. Un conductor ebrio no valora correctamente las distancias ni la velocidad, además de ser incapaz de fijar la vista en un punto concreto, lo que impide seguir y reconocer objetos y señales. La euforia que sigue a la toma del alcohol hace que el conductor sobrevalore sus aptitudes y se enfrente a una serie de riesgos en los que en casos extremos no puede decidir correctamente.
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